En la antigüedad, sin electricidad ni maquinaria moderna, las personas, además de depender de la fuerza humana, solo podían recurrir a la fuerza animal en su vida diaria y en la producción. Los bueyes y los caballos son muy fuertes y equivalen a varios adultos, por lo que eran una importante fuerza productiva que atrajo la atención de la sociedad, y robarlos o matarlos era un delito grave. Sabemos que, para tener fuerza, hay que consumir mucha proteína, pero, ¿por qué los bueyes y los caballos, que se alimentan de hierba, tienen tanta fuerza?
De hecho, aunque los bueyes y los caballos se alimentan de hierba, esta contiene muchos nutrientes. Además, para absorber estos nutrientes de manera eficiente, su sistema digestivo ha evolucionado hasta convertirse en un tubo muy largo. Además, los herbívoros, como los bueyes y los caballos, tienen una habilidad especial: pueden descomponer la celulosa, que es indigerible para los animales carnívoros, y producir glucosa, una sustancia energética necesaria para el movimiento. Con ella, y mediante la respiración, pueden generar energía de manera continua.
Por supuesto, los bueyes y los caballos también son mucho más grandes que los humanos. Si un humano se pusiera en cuclillas como ellos, vería una gran diferencia. Tomemos un búfalo, por ejemplo: un búfalo adulto pesa alrededor de media tonelada, y los más grandes pueden llegar a pesar más de una tonelada, lo que equivale a casi 20 adultos. Por lo tanto, su fuerza es mucho mayor que la de los humanos, y esto es lógico. Basta con ver uno de sus huesos para darse cuenta de ello.

