El elefante es el animal terrestre más grande, y casi no tiene rivales. Son herbívoros y no representan una amenaza para otros animales. Su enorme cuerpo, aunque puede dañar la vegetación en los lugares que visita y alrededor de su hábitat, en realidad promueve una sucesión más rápida de plantas; los senderos que dejan en la selva permiten que muchos animales se desplacen y favorecen su dispersión efectiva; los residuos de sus heces no solo son un manjar para insectos como el escarabajo de estiércol, sino que también atraen a las aves insectívoras, lo que permite la propagación de las semillas de las plantas. Durante la estación seca en la sabana africana, los elefantes pueden encontrar agua gracias a su excelente memoria, y muchos animales evitan morir de sed siguiendo a las manadas de elefantes. Los elefantes incluso se han convertido en protectores del agua, y no toleran que nadie saquee o desperdicie este preciado recurso. Por lo tanto, proteger a los elefantes no solo es proteger a esta especie, sino también a un ecosistema enorme.
Los elefantes tienen un par de colmillos de textura densa y fina, que son un material precioso para fabricar regalos caros, lo que ha sido la causa de su desgracia. Desde la antigüedad, la obtención de colmillos de elefante ha sido la principal razón para la caza furtiva de elefantes. A principios de la década de 1980, había más de un millón de elefantes en todo el mundo. Sin embargo, solo 10 años después, se cazaron ilegalmente 600.000 elefantes. A pesar de que la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), que entró en vigor en 1989, prohíbe claramente el comercio ilegal de marfil, la caza furtiva continúa. Actualmente, el número total de elefantes en el mundo es inferior a 400.000, y el de elefantes asiáticos se ha reducido a alrededor de 40.000. Solo en 2011, decenas de miles de elefantes africanos fueron asesinados. En septiembre de 2012, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) adoptó dos propuestas: una para continuar protegiendo a los elefantes africanos y otra para proteger a los administradores de los parques nacionales. Este hecho demuestra que la lucha contra la caza furtiva y su erradicación ha llegado a un punto crítico. Boicotear cualquier producto de marfil puede ser lo único que los ciudadanos comunes pueden hacer para salvar a los elefantes.

